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lunes, 25 de agosto de 2014

Mensajes en una poesía, desde el otro lado de la orilla.




El salvoconducto que nos une,
y al mismo tiempo nos separa.

Este mar de brisas,
de ausencias compartidas,
convertidas en deseos,
que no entiende de orillas,
sino de horizontes compartidos,

que en algún momento del día,
tú y yo,
conectadas, estamos en diferente lugar:
al otro lado de este charco.


Paseo, sobre esta arena algo húmeda, y al mismo tiempo firme,
lejos de domingueros,
y adelantando algunos pescadores,
que dejan pasar las horas entre cigarros y latas de cervezas,
 mientras esperan que algún pez muerda el anzuelo.
A veces el silencio.
Otras las palabras.
Otras la radio.
Otras... una chica que pasa:
alguno se extraña,
 mas no me detengo,
y dejo que la noche me lleve,
 hasta donde me quiera llevar.



Y es sobre esta arena, la que voy pisando,
y dejando a la par mis huellas,
donde las olas baña al ladito de mi vera,
que estarás al otro lado de este mar paseando.

Que sea la brisa fiel mensajera,
que de un suspiro,
me traiga tu perfume directo desde tu cuello,
embelesándome y queriendo más:
sentirte más cerca.

Que sea parte de esta entera Luna,
que me deje ver tímida entre estas nubes desnuda,
reflejándose en el mar,
mostrándome, la increíble sonrisa que debes de tener.

En un momento,
siento la brisa colarse entre mis dedos,
y posarme sobre mi palma,
mientras inconscientemente,
me agarro a tu mano,
invisible desdicha,
que entre olas, al alcanzar la orilla,
creo escuchar tu risa.

En la calidez de esta noche de verano,
alejada de pescadores, y alguna parejita disfrutando,
envidia sana, la que me hace sonreir un instante,
encuentro un lugar donde parar.
Me siento:
y sé que serías capaz de armonizar este momento
con una de tus canciones,
chivándole las letras el murmullo de las olas,
eternos coristas del silencio,
a veces interrumpidos, por la suave y fresca melodía de tu voz.

Me tumbo,
y siento no entender esta bella noche,
sino es dejándome abrazar,
y regalando abrazos y sonrisas,
y entre estrellas...
¡Mira!  ¡Esa parece tremolar!
Palpita y a punto parece que está de empezar a volar.
Y allí va...
Cierro los ojos.
Aspiro intensamente la brisa,
como quien agitaría la mano,
antes de lanzar los dados.


Que esta estrella fugaz que acabo de ver,
haya empezado aquí,
y su estela alcance, con el impulso de la brisa, tú orilla
para que hayamos pedido el mismo deseo:
que pronto nos volvamos a ver,
desde la misma orilla.
25/8/2014

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